

Me habló de Salalah y de besos bajo una luna ardiente. Me dijo que en Salalah el mar tiene el verde de mis ojos….
Me rondaba en las tardes de verano: ojos dulces, piel canela oscura tensada como un arco.
Me camelaba junto al pozo a la sombra de los limoneros, y en vaso de flores, con borde dorado y olor a hierba buena me daba de beber, mi omaní, té helado con sabor a sueños.
En el patio, junto al pozo y los limoneros, me besó una noche de fiesta, gente, música, bebidas largas y rayas blancas…. Me besó y le seguí, cerró la puerta y de mi frente bajaron sus besos, sin prisas, entretenidos, quemando, deshaciéndome en su boca…
De Omán llegó mi hombre de canela para amarme sin relojes, en las noches, en los amaneceres, en las tardes de verano cuando el calor aprieta y el cuerpo desfallece.
Me habló del desierto, de la arena ardiente como tu cuerpo me dijo, de los colores ocultos como tu risa me dijo. Me habló de sus noches y de un cielo en el que no caben más estrellas.
Vente a Salalah donde el aire huele a sándalo. Te amaré junto al mar y en la arena del desierto, plantaré árboles y cavaré un pozo y en vasos de flores verteré té helado.
Mi omaní era oscuro, dulce, suave…. si el patio se llenaba de soles a menta sabia sus labios.
Mi omaní se fue una noche de verano…se fue mi omaní y yo me quedé junto al pozo y los limoneros, SOÑANDOLE.