Alex se aqueja de un fuerte dolor en el costado izquierdo; durante años fueron de consulta en consulta, pruebas y más pruebas, nada. El niño está sano.
Sin embargo cada tres o cuatro meses, el pequeño llora y se retuerce de dolor. Solo la mano de su padre parece aliviarle. Álvaro adora a Alex su dolor es su angustia, la mano del crío se aferra a la suya diez, quince, treinta minutos, da igual.
Pero hoy no puede evitarlo, por primera vez en nueve años, Álvaro mira hacia la mesita de noche, angustiado, el reloj marca las ocho menos cinco, si su hijo le soltase la mano aún tendría cinco minutos para llegar a su cita. Lleva todo el día pensando en ella, en su cuerpo, en sus labios…
Sin embargo cada tres o cuatro meses, el pequeño llora y se retuerce de dolor. Solo la mano de su padre parece aliviarle. Álvaro adora a Alex su dolor es su angustia, la mano del crío se aferra a la suya diez, quince, treinta minutos, da igual.
Pero hoy no puede evitarlo, por primera vez en nueve años, Álvaro mira hacia la mesita de noche, angustiado, el reloj marca las ocho menos cinco, si su hijo le soltase la mano aún tendría cinco minutos para llegar a su cita. Lleva todo el día pensando en ella, en su cuerpo, en sus labios…
